Un viejo que leía novelas de amor, Luis Sepúlveda

Antonio José Bolívar Proaño nunca pensó en la palabra libertad y la disfrutaba a su antojo en la selva.

(pág. 42)

Fue el descubrimiento más importante de toda su vida. Sabía leer. Era poseedor del antídoto contra el ponzoñoso veneno de la vejez. Sabía leer.

(pág. 60)

Muchas veces escuchó decir que con los años llega la sabiduría, y él esperó, confiando en que tal sabiduría le entregara lo que más deseaba: ser capaz de guiar el rumbo de los recuerdos y no caer en las trampas en que estos tendían a menudo.

(pág. 84)

No. Se trata del otro amor. Del que duele.

(pág. 110)

Luis Sepúlveda, Maxi Tusquets, 2011

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