En Busca de Klingsor, Jorge Volpi

Amar a dos mujeres (que no es lo mismo que acostarse con dos mujeres) es la peor desgracia que puede ocurrirle a alguien. Uno piensa que es una bendición o una prueba de virilidad, pero más bien es una calamidad bíblica…

(pág. 134)

Las mujeres son como las estrellas: brillan y te deslumbran, pero en el fondo, te atraen con esa fuerza superior a la gravedad que se llama enamoramiento. Los hombres, en cambio, son como pequeños asteroides: giran en torno a las estrellas, les rinden pleitesía, se someten a sus designios, pero todos sabemos que si el campo gravitatorio de las mujeres no fuese tan poderoso, ellos escaparían a la menor oportunidad. ¿Y sabes para qué? Sólo para caer en la órbita de otra estrella.

(pág. 271)

¿Y qué es el amor sino la mayor de las elecciones? Cada vez que uno decide amar a una mujer, en el fondo está optando sólo por una posibilidad, eliminando, de tajo, todas las demás… ¿No les parece una perspectiva aterradora? Con cada una de nuestras elecciones perdemos cientos de vidas diferentes…. Amar a una persona significa no amar a muchas otras…

(pág. 355)

Los enamorados son los profetas más perversos, los héroes más tristes, los iluminados más ciegos. Defienden su amor como la única verdad posible, como lo único que importa en el universo, como la religión suprema y, en su nombre, someten a los demás con la misma fuerza y la misma violencia que los dictadores y los verdugos. Su verdad, creen ellos, los salva. Su dogma les permite corromper y destruir, lesionar e inutilizar, decidir, por sí mismos, la suerte de quienes les rodean.

(pág. 442)


Jorge Volpi, Editorial Seix Barral, S.A. 2004

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